lunes, 22 de junio de 2009

CADÁVER EXQUISITO 2- CREACIÓN INDIVIDUAL.

LA SOLEDAD

Nadia:

Todo está oscuro, son las tres de la madrugada. Estoy despierta. No sé si no me he dormido o en realidad me he despertado hace poco. Es de noche, siento angustia. Hay demasiado silencio, sólo escucho ansiedades profundas.

***

Laura:

Poco a poco fue víctima de un ardor que provenía de su abdomen; sus entrañas la consumieron, ahí, en el centro… En ese instante se perdió su vida, todo se vio acumulado en un ombligo sin forma, aquel succionador del olvido, un pequeño hueco de escape que le recordaba lo insignificante que podía llegar a ser su existencia… Se sintió absorbido desde el centro, como desde la primera vez que olvidaron su nombre y la última vez que fue pronunciado… Lo peor es que no termina, pasa en cada momento, cuando siente que su mirada no se cruza con otra.

***

Ángela:

“La soledad es un pájaro grande multicolor…” Mientras tarareaba la canción de Pablo Milanés golpearon a la puerta. ¿Quién es? pregunté viendo una sombra detrás, ¿quién es? volví a preguntar pero nadie respondió.
La perilla comenzó a moverse. Estaban forcejeando la puerta desde afuera, un humo con olor a amoniaco empezó a entrar por la rendija. Cogí el teléfono para pedir ayuda pero no tenía tono, corrí hacia la ventana pero extrañamente estaban atascadas.

***

Catalina:

La única fruta del árbol
La noche en silencio
Las sillas vacías de la plaza del pueblo
La mente inescrutable
Cada minuto que pasa
El lápiz que reposa sobre la mesa
El viento en el desierto
Una rama flotando en el mar
Yo
Y todos.

Muchas veces la soledad es una postura falsa. Una máscara de aquellos a quienes se les dificulta el trato con los otros por egoístas, por malhumorados, quién sabe.
Ella era así. Decía que estaba condenada, que todos la abandonaban. Yo no la dejé, entonces ella tuvo que completar su sentencia.

***


Andrea:

1) Soledad de acera: pasan y pasan mientras veo los calcetines y la piel.
2) Soledad de recámara: escuchar un latido desbocado y contar las pulsaciones por segundo.
3) Soledad de anís: terminar la botella y hablar con tu amiga imaginaria.
4) Soledad quita: dejar caer el agua mientras decides sentarte en la ducha.
5) Soledad imaginada: un desierto. Una llovizna. Un vaso sobre la mesa. Una postal en la almohada sin firma.
6) Soledad cronometrada: Fin.

***

Sonia:

Un aire suave de canela ronda la casa.
El teléfono
La tele
El ladrido
¡No!
Pagaría un recibo mensual por derecho a la soledad,
Una suma mensual garantizada a un dios confiable y honrado.
Por fin
Entrar a un cuarto sin zumbidos
Nada de ruido, ni olores.
Me gusto. Me gusto.
Sólo con mi autorización.
¿Cuántas veces podré hacerlo?
¿Hasta cuándo?
Mis manos andan,
Mi cabeza arranca,
Salen del letargo.
Arrojo los teléfonos desde mi ventana,
También la tele, un perro vecino.
No quiero nadie-nada
Un lunar pequeño en el tiempo.
Me gusta mi adicción
Coca cola light y ausencias múltiples
El verbo extrañar.
Yo
La silla
La página
Mi pelo recogido.

lunes, 8 de junio de 2009

CADÁVER EXQUISITO NÚMERO UNO

Rasguña las nubes, no dejes de intentarlo… hay un hombre que quiere tu cabello mientras acaricia la almohada. Perdida en un cielo extraño, intentas capturar el deseo y recordar aquellos tiempos. No dudas en remembrar su perfume, su cálido aliento, la forma en la que te mira. Sin embargo, sientes temor ¿De qué? Quizás quisieras volver al mismo punto en el que te quedaste.
Observas las nubes y miras cómo lentamente va arrancando una a una las hebras marchitas de tu cabeza. Ese dolor te gusta. Sonríes cuando hala cada hebra de tu pelo. Sale larga y te desenreda, volviéndote un simple retazo sin forma de tu ser para costura de un hombre.
Te levantas desnuda y al mirarte en el espejo te descubres calva y desecha. Vas a la cocina. Ese hombre se ha quedado solo y acaricia la almohada, hay algo allí abajo, oculto. Tienes que averiguarlo.
Vuelves a la habitación. Él ya no está. Se ha esfumado. Ha dejado sus plumas esparcidas sobre las sábanas. Sobresalen por su blanco marfil, por ser brillantes.
No entiendes lo que pasa, siempre han dicho que ellos son asexuados. Sientes temor de buscar bajo la cabecera. Qué podría haber, ¿la aureola que ha perdido?, ¿una sentencia firmada por el Altísimo?
Buscas debajo de la cama. No sabes por qué, si no hay nada allí. Eres incapaz de levantarte y dejar de observar la oscuridad, el vacío… el espacio que grita ser ocupado. Al otro lado, una pluma: larga, blanca. Quieres llegar a ella, podrías levantarte, pero te arrastras a la oscuridad con la espalda pegada al suelo.
Te preguntas para qué, para qué pararte. B. B. King te consiente con uno de sus acordes de blues. Sacas una cerveza de la nevera y te tragas el humo de los cigarros. Le preguntas si ya se va, viendo su prisa para marcharse. Su actitud es distante. La postura de “yo nunca tuve sexo contigo” te da risa.
Lo dejas ir. Alrededor está tu pelo regado por toda la habitación. Quizás te duele el recuerdo de su mirada, pero ves al lado, ahí sigue la almohada intacta.